El agua reinventa

Marcelo Aybar Lagos — USS – Facultad de Ingeniería, Santiago

¿Qué futuro podemos construir para el agua?

El agua deja de entenderse como un recurso desechable para convertirse en un activo estratégico, cuya gestión depende de decisiones colectivas.

El agua es indispensable para la vida, pero su disponibilidad futura no está asegurada. Frente a escenarios de escasez y creciente demanda, gestionar el agua requiere dejar atrás la lógica de usar y desechar para avanzar hacia formas más circulares de aprovechamiento. Esto significa, por ejemplo, reconocer que el agua tratada puede volver a utilizarse, que existen distintas fuentes de abastecimiento y que las soluciones deben responder a las necesidades de cada territorio. Asegurar el agua del futuro no depende únicamente de nuevas tecnologías e infraestructuras, ya que también exige decisiones económicas, políticas y sociales sobre cómo la valoramos, distribuimos y protegemos. Las percepciones de las personas sobre el acceso, la calidad, la escasez y el cuidado del agua forman parte fundamental de este desafío. Pensar una transición hídrica implica, por lo tanto, comprender el agua como un recurso estratégico y compartido, cuya seguridad depende de nuestra capacidad para planificar, innovar y asumir responsabilidades colectivas.

Conceptos clave: Acción colectiva; Transición hídrica; Seguridad hídrica; Economía circular del agua; Gestión integrada del recurso hídrico; Asimetrías territoriales; Reúso de aguas tratadas; Percepción del riesgo hídrico; Resiliencia hídrica.

¿Qué futuro queremos construir para el agua?

Queremos un futuro donde el agua deje de ser un recurso que usamos y desechamos, y se convierta en algo que cuidamos y reutilizamos, como una “mina” que nunca se agota. Chile vive hoy una transición hídrica: estamos cambiando la forma en que gestionamos el agua, actualizando leyes, infraestructura y también nuestra forma de pensar, porque el estrés hídrico ya es una realidad (Chile ocupa el puesto 25 a nivel mundial en riesgo hídrico). Este cambio significa cerrar brechas: mientras las ciudades tienen agua potable prácticamente asegurada, muchas comunidades rurales aún luchan por acceder a un suministro estable. También significa aprovechar mejor lo que ya tratamos: hoy tratamos casi el 100% de nuestras aguas servidas, pero reutilizamos menos del 1%. Construir ese futuro requiere unir ciencia, políticas públicas y conciencia ciudadana, para que el agua sea segura, justa y renovable para todos.

¿Cuáles son los riesgos actuales de escasez y desabastecimiento de agua?

Chile está entre los países con mayor riesgo de estrés hídrico del mundo (puesto 25 a nivel global), lo que significa que cada vez hay menos agua disponible frente a la demanda. Un riesgo clave está en las zonas rurales: solo el 13% de los sistemas rurales trata sus aguas servidas, y muchas comunidades dependen de fuentes que se están agotando, sin apoyo técnico suficiente. A esto se suma que las empresas sanitarias pierden hasta un 40% del agua por fugas o captaciones no autorizadas, y que aprobar proyectos como plantas desalinizadoras puede tardar hasta 10 años, retrasando soluciones urgentes. En resumen: menos agua disponible, brechas entre ciudad y zona rural, e infraestructura que no avanza tan rápido como el problema.

¿Qué puedo hacer yo y mi comunidad para cuidar el agua?

Cada persona puede aportar con hábitos simples: cerrar la llave mientras te lavas los dientes, reparar filtraciones en casa y regar plantas en horarios de menor evaporación. Pero el cuidado del agua también es colectivo: informarse y participar en decisiones locales sobre el agua ayuda a que las comunidades, sobre todo rurales, tengan sistemas mejor gestionados. Apoyar iniciativas de reutilización de aguas tratadas —hoy usamos menos del 1% del agua que tratamos— y exigir que las políticas públicas prioricen el acceso justo al agua son formas de cuidar el recurso desde la ciudadanía. Cuidar el agua es una tarea de todos: en la casa, el barrio y el país.

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