El agua independiza
Gonzalo Gutiérrez Astete — USS – Facultad de Arquitectura, Puerto Montt
¿Puede una vivienda prepararse para emergencias?
Integrar el agua desde el diseño permite crear viviendas más autónomas, adaptables y capaces de crecer con el tiempo.
Una vivienda de emergencia debe responder a necesidades inmediatas, pero también puede prepararse para crecer y adaptarse con el tiempo. El proyecto CasAgua incorpora el acceso al agua desde las primeras decisiones de diseño, mediante un sistema capaz de captar y almacenar aguas lluvias y reutilizar parte del agua empleada en la vivienda. Esto permite aumentar su autonomía en situaciones críticas y reducir la dependencia de fuentes externas, especialmente en territorios donde el agua está disponible de manera desigual. Asimismo, una estructura planificada permite que la vivienda amplíe sus espacios, incorpore nuevas instalaciones y avance progresivamente hacia una solución más permanente. Pensar el agua, la habitabilidad y el crecimiento como partes de un mismo proyecto transforma a la vivienda de emergencia en una oportunidad para construir resiliencia y comunidad. Diseñar para una necesidad inmediata puede significar también anticipar el futuro y preguntarnos cómo queremos que nuestras viviendas respondan a los cambios y recursos disponibles en cada territorio, aprovechando agua natural.
Conceptos clave: Adaptación habitacional; Vivienda de emergencia; Autonomía hídrica; Captación de aguas lluvias; Reutilización de aguas grises; Núcleo húmedo; Vivienda progresiva; Resiliencia habitacional; Escalabilidad.
¿Puede una vivienda prepararse para la emergencia y para el futuro?
Sí. Especialmente en territorios rurales, donde el acceso al agua potable puede ser vulnerable frente a períodos de escasez, emergencias o interrupciones del suministro. Casa Agua propone pensar la vivienda como una infraestructura básica de resiliencia: una estructura capaz de entregar condiciones esenciales desde el primer día y, al mismo tiempo, crecer y transformarse junto con sus habitantes.
Una columna vertebral central concentra el baño, la cocina, las instalaciones y los sistemas asociados al agua. Este núcleo permite resolver inicialmente las necesidades esenciales de una familia y posteriormente incorporar nuevas habitaciones sin desarmar lo ya construido.
Prepararse para el futuro implica entonces no solo construir una vivienda, sino pensar cómo esta puede adaptarse a condiciones cambiantes, reducir su dependencia de sistemas externos y asegurar el acceso a recursos fundamentales como el agua.
¿Cuánta autonomía puede proporcionar el agua lluvia?
La autonomía no depende solamente de cuánta agua somos capaces de captar, sino también de cuántas veces podemos utilizarla. En Casa Agua, la cubierta funciona como una gran superficie de captación que conduce la lluvia hacia un sistema de almacenamiento. En territorios rurales del centro y sur de Chile, esta estrategia puede complementar los sistemas de agua potable rural y entregar una reserva frente a períodos de escasez o interrupción del suministro.
Pero el desafío es ir más allá de la captación. El agua puede recorrer distintos usos dentro de la vivienda según su calidad: ser almacenada, utilizada, recuperada, tratada y utilizada nuevamente antes de retornar al territorio.
Esto significa pasar de un modelo lineal —captar, consumir y desechar— a uno circular, donde buscamos mantener el agua durante más tiempo dentro del sistema. La pregunta ya no es solamente de dónde obtenemos el agua, sino cuánto podemos extender su ciclo antes de devolverla al territorio.
¿Lo que funciona en una vivienda puede convertirse en una solución para un barrio?
Ese es uno de los principales desafíos de Casa Agua. Una vivienda puede funcionar como una primera unidad de autonomía hídrica, capaz de captar, almacenar, utilizar, recuperar y reutilizar agua. Pero su verdadero potencial aparece cuando dejamos de pensarla como un objeto aislado y comenzamos a relacionarla con otras viviendas y con el territorio.
Muchas pequeñas infraestructuras domésticas podrían articularse progresivamente con sistemas comunitarios de agua potable rural, saneamiento, espacios productivos, áreas verdes y otras infraestructuras compartidas. La vivienda se convierte así en la primera escala de un sistema mayor.
Pasar de la casa a la comunidad significa también pasar de una respuesta individual frente a la escasez a una estrategia colectiva de resiliencia. Casa Agua propone entonces una pregunta de mayor escala: ¿podemos construir territorios rurales donde cada vivienda contribuya activamente a captar, cuidar, recuperar y hacer circular el agua?